Mi hijo de 7 años , ha comido pupu tres veces al descubrirlo me dice que el olor se le parece al cho

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Mi hijo de 7 años , ha comido pupu tres veces al descubrirlo me dice que el olor se le parece al chocolate y que no le parece desagradable el sabor, que debo hacer
Cordial saludo, aquí un profesional en salud mental! Dada la edad de su hijo, es importante aclarar que no es común ni sano que a la edad de 7 años tenga este tipo de exploración, a pesar que muchos niños de corta edad pueden llegar a hacerlo, no es normal que a la edad de 7 años suceda.
Esto puede deberse a diversos factores:
1. Curiosidad sensorial trabajable: El niño explora de formas poco comunes.
2. Retraso en el aprendizaje social de lo sucio o del asco, o lo que se considera "prohibido".
3. Asociado a factores alimentarios, sobre sustancias o material que no es nutritivo y no lo percibe.
4. Estrés, ansiedad, búsqueda de control o atención.
5. Posibles dificultades en el neurodesarrollo.

Invito cordialmente a buscar una atención mediante profesional en salud mental, donde podamos evaluar con certeza las razones y posibles tratamientos!.
Me quedo muy pendiente a cualquier pregunta adicional o solicitud!

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Hola, te recomendaría consultar inicialmente con médico general, ya que es una conducta que puede poner en riesgo su salud. De allí y de acuerdo a las consideraciones del médico podrías consultar con un psicólogo conductual que te ayude directamente con estrategias para cambiar esa conducta.
Gracias por confiar en este espacio para hablar de algo tan delicado. Lo que describes puede estar relacionado con una etapa de exploración sensorial, curiosidad o incluso con una señal de ansiedad o dificultad emocional que tu hijo está expresando de forma no verbal.

A los 7 años, los niños aún están desarrollando su comprensión de los límites, el asco, el autocuidado y las normas sociales. Sin embargo, comer materia fecal representa un riesgo para la salud y requiere intervención inmediata, tanto médica como psicológica.

Algunas recomendaciones iniciales:

- Evita el castigo o la humillación. En su lugar, conversa con él desde la calma, preguntando qué siente, qué piensa cuando lo hace, y validando su curiosidad sin reforzar la conducta.

- Consulta con un pediatra para descartar cualquier condición médica o nutricional que pueda estar influyendo.

- Busca acompañamiento psicológico infantil. Este tipo de conducta puede estar vinculada a ansiedad, estrés, necesidad de atención o dificultades en la regulación emocional. En terapia, se puede explorar el origen de la conducta y trabajar en estrategias para que tu hijo exprese lo que siente de forma segura y saludable.

Si lo deseas, puedo acompañarte en este proceso. La terapia infantil no solo ayuda al niño, sino también a la familia a comprender, contener y transformar situaciones difíciles en oportunidades de crecimiento.
Antes que nada, imagino la angustia que debes sentir como padre o madre, por eso es importante que te tomes un momento para respirar. Sé que descubrir esta situación genera un profundo desconcierto y una gran incertidumbre sobre su estado de salud. Quiero que sepas que tu reacción es completamente normal y comprensible. Es la respuesta natural de una madre o padre que ama profundamente a su hijo y se preocupa por su bienestar. No estás sol@ en esto, y mi objetivo es que caminemos juntos para entender y ayudar a tu pequeño.

Lo que tu hijo te dijo sobre el "olor a chocolate" es la pieza más valiosa que tenemos. Lejos de ser algo extraño, es una ventana directa a su mundo interior. Nos está diciendo que, desde su perspectiva de niño de 7 años, no está haciendo algo "malo" o para desafiarte, sino que está explorando una sensación que a su cerebro le parece curiosa e interesante.

En psicología, entendemos que algunas conductas, especialmente en la infancia, no tienen una intención detrás más allá de la exploración sensorial. Es como si su sistema nervioso tuviera una pregunta sobre una textura, un olor o un sabor, y está intentando responderla de la única manera que se le ocurre. Nuestro trabajo no es regañarlo por su curiosidad, sino enseñarle formas seguras y aceptables de satisfacerla.

Te propongo un plan de tres pasos iniciales, sencillos y concretos, que puedes empezar a implementar desde hoy mismo:

1. Lo primero y más importante es que te asegures de que tu hijo esté completamente sano. A veces, conductas como esta (llamada "pica") pueden estar relacionadas con alguna deficiencia de vitaminas o minerales. Una revisión médica nos permitirá descartar cualquier causa física y nos dará la tranquilidad de que su cuerpo está bien. Simplemente explícale al doctor la situación con confianza; es algo que ellos conocen.

2. Si su cerebro busca esa sensación, ¡dásela de una forma mucho más divertida y segura! La clave es adelantarse a su necesidad y ofrecerle otras experiencias que sean igualmente interesantes. Te propongo algunas ideas para que las hagan juntos:
Lodo de chocolate comestible: Mezclen pudin de chocolate con galletas Oreo trituradas. Es una actividad fantástica para que explore con las manos una textura similar de forma segura.
Plastilina con aroma: Consigue plastilina de color café y añádele unas gotas de esencia de cacao o chocolate.
Reposteros en acción: Preparen juntos la masa de un brownie o unas galletas de chocolate. Amasar y mezclar con las manos es una experiencia sensorial muy rica y positiva. El objetivo es enviarle el mensaje: "Entiendo tu curiosidad por estas texturas y olores, y aquí tienes formas geniales y seguras de explorarlos".

3. Tu calma es tu superpoder: Esta es quizás la parte más difícil, pero también la más poderosa. Si la situación vuelve a presentarse, tu calma es la herramienta más efectiva. Una reacción muy intensa (un grito, una expresión de asco, un largo sermón) puede, sin que nos demos cuenta, darle a la conducta una atención que la haga más interesante para él.

El protocolo es:
1. Respira.
2. Intervén con una voz neutra y firme, pero tranquila. Di algo simple como: "Cariño, eso no es para comer. Ven, vamos a lavarnos".
3. Límpialo de manera mecánica, sin darle más conversación o atención al episodio en ese momento.
4. Una vez limpios, redirígelo a una de las actividades alternativas que ya te mencioné.

Quiero que te quedes con esta idea: no has hecho nada mal. Estás siendo una madre o un padre maravilloso al buscar ayuda y ocuparte de esto. Esto no define a tu hijo ni a tu crianza. Es solo una conducta, una señal que nos está dando una pista sobre lo que necesita, y ahora ya tienes un plan para dárselo de la mejor manera.

Más allá de esta conducta específica, este es un excelente momento para conocer a tu hijo en todas sus facetas. Una valoración psicológica completa te permite crear un "mapa" detallado de su mundo interior: cómo piensa, cómo siente, cómo procesa la información y cuáles son sus grandes fortalezas. Este proceso no es un examen para buscar "fallos", sino todo lo contrario: es una herramienta de descubrimiento. Te ayudará a identificar sus talentos únicos y a entender con precisión en qué áreas podría necesitar un poco más de apoyo para desplegar todo su potencial.

A veces, una sensibilidad sensorial tan particular como la que tu hijo nos muestra puede ser una pista. Algunos niños tienen, por así decirlo, un "cableado cerebral" único, una forma diferente de experimentar el mundo. Esto puede hacer que perciban los olores, los sonidos o las texturas de una manera mucho más intensa o distinta a los demás. Parte de la valoración psicológica consiste en explorar si este rasgo sensorial forma parte de un patrón más amplio, lo que en psicología llamamos un perfil del neurodesarrollo.

Quiero ser muy claro con esto: esto no es motivo de alarma. No es algo "malo" ni una enfermedad. Simplemente significa que tu hijo podría tener un "manual de instrucciones" diferente al de otros niños. Conocer ese manual es el regalo más grande que podemos darle, porque nos permite adaptar el entorno y nuestras estrategias a sus necesidades exactas, asegurándonos de que se sienta comprendido, seguro y capaz de prosperar.

En resumen: continua con los tres primeros pasos prácticos mientras agendas una valoración más completa. Esta valoración te dará la claridad que necesitas para diseñar el mejor plan de acompañamiento a largo plazo, celebrando su individualidad y dándole justo el apoyo que necesita. Recuerda que estás haciendo un trabajo increíble. Estás siendo un padre o una madre atenta, valiente y proactiva. Espero sumarme a tu equipo por el bienestar de tu niño.

Con todo mi apoyo,

David Flórez, Psicólogo Clínico.
 Rosa Matilde Díaz Jiménez
Psicoanalista, Psicólogo
Bogotá
Estimada consultante,
Si su hijo ha comido de sus propios excremento, por supuesto que usted ha de escansalizarse y hacerle saber que, como su nombre lo indica, se trata de un desecho y que lo que se desecha es aquello que no le sirve para nada al cuerpo.
Es preciso que apoye a su hijo para que empiece a experimentar asco.
El asco de necesario, es un dique que nos protege de grandes peligros.
Sabrá ud. que si al momento del nacimiento un niño come caca, puede morir.
Hágaselo saber a su hijo.
Vivir y vivir bien supone separarse de la caca. Esto es, de lo que es inservible.
De lo que hace mal.
Es obvio que el niño tiene alguna dificultad emocional grave y lo comunicara mediante una señal inequívoca, habida cuenta de que los niños expresan sus estados de tensión psíquica principalmente a través de su conducta. Semejante comportamiento no pasa inadvertido para nadie y es un pedido desesperado de ayuda. Ahora bien, lo más probable es que esto no obedezca a una "enfermedad" del niño, sino a algo grave que esté ocurriendo en su ambiente. ¿Una crisis familiar? ¿Separación o peleas entre los padres? ¿Nacimiento de un hermanito? Hay que ver cuál es el "pupu" que este pobre se tiene que tragar, haciendo de cuenta que tiene buen sabor. No dude en consultar al psicoanalista, que es el profesional idóneo para ayudarle a entender y abordar los problemas del niño y de la familia.

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