Poner límites también implica reconocer hasta dónde llega nuestra responsabilidad.
Puedo cuidar lo que digo, cómo lo digo y desde dónde lo digo; pero no puedo controlar lo que la otra persona piensa, siente o interpreta.
Cada quien responde desde su historia, sus emociones y sus propios procesos internos.
Mi tarea es hacerme cargo de mí: de lo que pienso, siento y decido. Lo demás no me pertenece.
Aprender a diferenciar estos límites no solo protege mis vínculos, también protege mi bienestar emocional.
Si te cuesta poner límites o necesitas acompañamiento en este proceso, puedes escribirme, agendamos un espacio y CONVERSAMOS.
24/11/2025