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La auto-estima es el conjunto de percepciones, valoraciones y apreciaciones que un individuo tiene sobre sí mismo o que la persona tiene con respecto de las actividades con las cuales se relaciona. La auto-estima hace parte de los aspectos más profundos de la personalidad, por lo cual esta tiene sus mayores cimientos en los ochos primeros años de vida.
De esta manera, las figuras parentales deben concientizarse cuando desean tener hijos, lo mismo que orientarse acerca de la manera en que necesitan interactuar con su descendiente, especialmente durante la primera infancia, para formar en él una equilibrada autoestima respecto de su principio de realidad.
Dicha autoestima equilibrada se logra a través del desarrollo de un ambiente asertivo entre los dos padres. Ambiente caracterizado por el respeto, el dialogo, la facilidad para la solución de problemas y el logro de acuerdos en relación a la formación de su hijo.
Fuera de este tipo de vínculos entre los dos padres, ellos deben tener un apego seguro con su hijo, algo que implica un intercambio afectivo profundo y saludable con él/ella e implica generar en su hijo confianza para alejarse de ellos, con la convicción que a su regreso, las figuras parentales tendrán una respuesta amorosa y de contención respecto de sus emociones desbordadas por su ausencia y por las nuevas informaciones obtenidas del medio ambiente.
El proceso de dar confianza a su hijo para la exploración de ambientes nuevos, servirá para que los hijos adquieran independencia, y servirá para que ellos adquieran conocimientos acerca de los objetos que rodean sus ambientes próximos y los nuevos ambientes que los padres le están permitiendo descubrir, con las consecuentes representaciones mentales. Conocimientos que se socializarán con los padres, provocando en ellos una respuesta positiva, con las cuales se identificará el infante.
Los adultos, también darán ciertas normatividades acerca de esa indagación, e impartirán ordenanzas acerca de hábitos y costumbres que el niño debe tener, produciendo una sana adaptación a los distintos ambientes, y produciendo que se acomode a un principio de realidad, que exige el aprendizaje de la capacidad de posponer la satisfacción inmediata y dejar dicho placer para cuando las figuras parentales o el contexto en que se desenvuelve el niño –escuela, grupos, familia extensa- lo permitan.
Estos movimientos de los padres para formar una auto-estima equilibrada y estructurada, se complementarán con la posición, el acompañamiento y el seguimiento que ellos den a las actividades propuestas por la institución educativa y a las actividades extra-curriculares.
De esta manera, la formación de una auto-estima sana, durante la niñez, requiere de interacciones armoniosas y afectivas entre padres e hijos, ambiente equilibrado entre padres, acompañamiento de las actividades escolares, generación de intereses, enseñanza en el manejo funcional de las propias emociones, apoyo e incentivación para la consecución de logros
La obtención de una auto-estima estructurada y equilibrada, permitirá que el hijo tenga un alto desarrollo de la inteligencia en todas sus formas, incluida la emocional, permitirá una saludable relación con los otros –pares y figuras de autoridad-, y permitirá la formación de diversas competencias. Cuestiones que podrán intensificarse con el crecimiento, en la medida que este sea acompañado de una presencia constante y proactiva de sus figuras de amor, por lo menos hasta los 25 años.
19/03/2026