Cuando un niño o adolescente deja de comunicar lo que siente o piensa, no siempre se trata de un problema de conducta.
En muchos casos, está relacionado con la percepción de seguridad emocional en la relación con sus figuras de referencia.
Desde la psicología clínica, entendemos que los niños tienden a expresarse cuando sienten que pueden hacerlo sin ser juzgados, corregidos de inmediato o invalidados emocionalmente.
Por ello, es importante que los adultos revisen no solo la frecuencia de la comunicación, sino la calidad del espacio que ofrecen para que esta ocurra.
Una intervención oportuna puede fortalecer el vínculo y prevenir dificultades mayores en la comunicación familiar además de prevenir conductas de riesgo
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13/04/2026